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“Ya sé como es Holanda” (La historia del rebozo de la abuela Eulalia)

Octubre de 2013.

(A la memoria de mi abuela, a quienes dejan que el tiempo fluya y cure las ausencias pero esperan que un día haya un re-encuentro… a mi taak emej por tu sabiduría, tu amor, por ayudarme a cultivar mi identidad y redefinirme, porque cada noche que te encuentro en sueños vuelvo a ser esa niña de las montañas feliz de oírte al calor del fuego…)

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Cuando Tania Eulalia le dijo a la abuelita Eulalia que se iría a Holanda, la abuelita se preocupó porque no sabía que pasaría con su nieta en ese mundo nuevo y desconocido, para ella y su cosmovisión “Holanda es/era otro mundo distinto al suyo”

Abuelita Eulalia: Hija y sabes ¿Cómo es allá?, ¿Vas a tener que comer?, ¿Dónde vas a vivir? (La abuelita con cara de angustia, moviendo la cabeza como cuando algo la inquietaba y la dejaba pensativa)

Tania Eulalia: No abuelita pero no se preocupe, voy a estar bien, ya estoy preparándome para irme. Si hay que comer allá, dicen que es frío. Regreso en unas semanas a despedirme cuando ya esté a un par de días de irme.

Abuelita Eulalia: Está bien hija, te cuidas. Qué Dios te bendiga…

Tania confiaba en que estaría bien, sería su primera vez en Europa, seguro habría que comer, el problema real era si a Tania le gustaría la combinación de sabores y comida de allá. En fin, como buena viajera iba ya preparada mentalmente.

La fecha para irse había llegado, Tania fue al pueblito a despedirse de la abuela y a recibir su bendición. Cuando Tania llegó a la cocina de la abuela, como siempre, la abuela le ofreció una taza de café, un pan y comenzaron a platicar al calor del fogón. La sorpresa de Tania fue que la abuelita Eulalia ya había averiguado como era Holanda:

Abuelita Eulalia: Ya sé cómo es dónde irás, yo sé que vas a estar bien.

Tania Eulalia (sorprendida) “¿Cómo es abuelita?”.

Abuelita Eulalia: Dicen que es un lugar frío, allá vive mucha gente blanca y alta, gente con cabellos blancos, no como nosotros que tenemos el pelo negro. Tampoco hablan como nosotros. Dicen que no hay maíz  para comer pero que comen mucho pan y papa. Dicen que el maíz que hay es para las vacas, ¿Puedes creer eso? Ya sé que vas a estar bien, aunque sea pan y papa vas a poder comer. Ahora que te vayas, te llevas ropa que sea calientita para que no tengas frío”.

Tania Eulalia (sin saber que decir): Si, abuelita, dicen que es diferente, voy a estar bien, no se preocupe. ¿Cómo sabe cómo es allá?

Abuelita Eulalia: Es que vino una mujer con tu tío hace unos días, era una mujer blanca con pelo blanco, parece “gringa”, dice que es de por allá. Le pregunté cómo era allá y si hay de comer y que come la gente. 

La abuelita sonreía y Tania seguía sorprendida, entre contenta y triste, la abuela siempre pensando en todos.

Abuelita Eulalia: ¿Cuándo vas a volver? ¿Cuánto tiempo tardarás allá?

Tania Eulalia: Cuatro años abuelita, la escuela dura cuatro años pero si todo sale bien, regreso en un año y voy a pasar un tiempo en México y voy a venir más seguido a verla.

Abuelita Eulalia: Ahh muy bien, no creo poder esperarte cuatro años pero un año sí, ya estoy cansadita. 

La abuelita llamó a Tania a su habitación y abrió una cajita que tenía ahí, de ahí tomó dos rebozos y los puso en la cama…

Abuelita Eulalia: Bien, escoge un rebozo… quiero que te lleves un rebozo mío para que no olvides quién eres, de dónde vienes, para que no te olvides de nosotros y le cuentes a los de allá cómo vivimos aquí.

Tania sorprendia y agradecida, con todo el cariño del mundo, aceptó ese obsequio de la abuela. Y así siguieron charlando. La mujer gringa es una investigadora Alemana que visitó a la abuela para hacerle unas preguntas. La investigadora no hablaba Mixe pero un hijo de la abuelita Eulalia fue el interprete para que esta conversación se diera.

(Mayo de 2016, cuando algunos viajes comenzaron…)

Hogar es donde está tu “ombliguito”

Hogar es donde está tu ombliguito

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Soy una romántica de mi tierra y mi pueblo. Aún tengo en la memoria los días vividos allá en las montañas, y muchas veces cuando me preguntan de dónde soy, tiendo a referir a mi pueblo en aquellos tiempos: sin calles “pavimentadas”, agua potable o drenaje, etcétera. Como yo, muchos jóvenes hemos buscando “nuestros sueños” fuera de casa, y ya estando fuera de casa “soñamos con volver a casa un día”. Así son las ironías de la vida…

Mi querida abuela, a quién recuerdo día con día, porque creo que por ella aprendí a vivir conmigo misma, a disfrutar el silencio, el amanecer, los atardeceres y la noche, y estar siempre en paz, siempre está en mi mente, y es a quién visito cada vez que puedo.

Una de mis hermanas, que me cuidó como una madre y siempre me protegió, recientemente “me ha hecho tía”. Creo que al inicio no entendía cómo es que pasa el tiempo. Lo último que recordaba de nosotras juntas era que nos “mecíamos en un sube y baja” cuando teníamos menos de 10 años. Hoy su vientre floreció y hay un nuevo miembro en la familia. Esta memoria vino a mi mente al ver una fotografía de Ian, mi guapo sobrino y sus pequeñas manos…

Mi abuela Eulalia me solía decir que cuando naces tu “ombliguito” debe ser enterrado en la tierra dónde has nacido, porque es a dónde debes volver alguna vez, y es a dónde perteneces realmente. Yo sé que para muchos puede sonar extraño o tonto, sobre todo en esta época que parece que todos pertenecen a todas partes y que nadie es de ningún sitio, pero para muchos de nosotros que como yo tienen una añoranza dolorosa por regresar a nuestra tierra sólo estamos esperando a volver a reconocernos con ellos (nuestros ombligos) en donde siempre hemos sido.

Eulalia me contó que un día soñó que alguien de la familia fallecía fuera del pueblo, y esa noticia le pareció desoladora. Pero más terrible aun fue saber que no podría volver a “donde su ombliguito”, y que no se cumpliría el ciclo de la vida. Eulalia, mi abuela, sentía el corazón pesado no sólo por la pérdida sino porque “no habría un cuerpo al que llorarle, llevarle flores, rezarle, o con quién platicar”. Pero sobre todo, porque no se reintegraría a la madre tierra como debería de ser, para cumplir su ciclo con el mundo, como nos enseñaron o lo hemos hecho por generaciones enteras en mi pueblo. Eulalia me preguntó si había visto a nuestro familiar, y le dije que sí, que estaba bien. Ella suspiró y sonrió: – Qué bueno que sólo fue un mal sueño.

Cuando vi las expresiones de Eulalia, y su llanto, comprendí a mi madre, su angustia por mí, estando lejos de la casa. Porque mi ombliguito fue enterrado en la tierra, mi pueblo, y porque así como pertenezco a este sitio, también ella me pertenece, y somos uno con mi padre y mis abuelos. Estando lejos siento mucha nostalgia. Salí siguiendo mis sueños, como muchos de mi generación han tenido que salir para buscar los suyos. Hay cosas que no se pueden remplazar. En mi memoria llevo día a día el fogón con una taza de café a donde me solía sentar con Eulalia a escuchar sus historias, o simplemente a disfrutar del silencio al pie de las llamas.

 

¿Cómo sobrevives sin maíz?

 

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Algún día a finales del 2014…

Después de pasar unos meses en los Países Bajos regresé a mi querido México. Una de las cosas que más anhelaba era visitar a mi abuelita. Ella se llama Eulalia, y en honor a ella mis padres me llamaron Eulalia también. Yo amo conversar con ella, aunque confieso que mi Mixe (idioma nativo de mi comunidad) no es el mejor y ella no habla español. Aun así somos capaces de sostener una conversación entre las dos para compartir nuestras ideas y experiencias. Esta historia es sobre la importancia del maíz nativo en nuestra cultura como Mixes. Para algunos como mi abuela, la vida no puede ser concebida sin maíz.

A mi abuela no le gusta viajar. En mi tierra hay muchos que como ella tienen un arraigo fuerte a la tierra, y no les complace ir “lejos” o fuera de nuestra comunidad. Mi abuelita era una de estas personas. Nosotras somos de un pueblo en la Sierra Norte del estado de Oaxaca, México. Por alguna razón mi abuelita recordaba que llegar a mi pueblo desde Países Bajos me tomaría muchas horas: unas 14 de Holanda a México, 7 horas más a la ciudad de Oaxaca y quizá tres más a nuestro pueblo. Así, mi abuela “buena onda” (consentidora) decidió ir a encontrarme a la ciudad de Oaxaca para ahorrarme un poco del largo viaje que iba a hacer. Aunque tres horas pudiera parecer casi nada para muchos, yo sé que para mí querida abuela fue un viaje muy largo, y no sólo por el tiempo, más bien la distancia de su tierra.

Cuando nos encontramos me dijo que durante la semana anterior a mi llegada ella tuvo una pesadilla, por lo que debía asegurarse de que yo estaba bien. Me contó que soñó que ella llegaba a donde yo estaba, Países Bajos, a visitarme, que caminaba por un amplio valle con campos de cultivo (alfalfa quizá), y caminó por un bosque lindo y profundo. A pesar de que el paisaje era bello, en ningún momento vio una milpa; aunque la definición es más bien amplia, me acotaré a decir que es un sistema de maíz asociado con frijol, papas, chayotes, a veces árboles frutales, entre otros, que usamos en mi tierra para satisfacer la dieta de las familias. Para ella esto fue angustiante. Pensó: –¿Qué comerá mi nieta? –. Me dijo que siguió caminando sin encontrarme a mí o una milpa. Al final coincidimos en su sueño y me vio sentada en el bosque sosteniendo un libro. Me dijo: –Hija, ¡estás aquí! ¡Ya te encontré! Pero dime, ¿aquí es donde vives?… ¿Qué comes? –. Allí es cuando despertó angustiada.

Tras contarme su sueño me volvió a preguntar: –¿Qué comías allá? ¿Había maíz? –. Le respondí que tenía razón, que no había maíz, pero tenía papas, frijoles, arroz y otras cosas más que me permitían alimentarme bien. Por supuesto que al verme bien y saludable confirmó que yo me encontraba bien pese a no tener maíz que comer allá. Aun con mi explicación, ella no parecía convencida. Por momentos movía la cabeza para expresar que se le hacía incomprensible cómo la gente podía vivir sin comer el maíz. Mi abuela es una señora de casi un siglo de edad, muy sabia, y que siempre me alegra con sus historias.